Por: Julián F. Rodríguez Montoya. Docente Escuela de Artes.
El teatro, para mí, es el pulso vivo de la humanidad: un espacio donde las emociones crudas se transforman en espejo colectivo, curando heridas invisibles y cuestionando realidades. Con más de veinte años como actor y técnico, y quince en artes escénicas, mi relación con el hacer teatral ha sido una danza constante de creación y descubrimiento. He pisado escenarios en festivales de Colombia, Ecuador, Brasil, Italia y Cuba, actuando en piezas que han hecho llorar, reír, estremecer y divertir a conocidos y extraños. Como profesor, por más de cinco años, ahora transmito esa llama a nuevos creadores en El Carmen de Viboral, Antioquia, recordando que el teatro no es solo arte, sino resistencia y conexión profunda.
Mi relación con el teatro
El teatro tiene para mí un valor incalculable: es vida destilada, un ritual que nos obliga a mirarnos sin filtros, a reírnos de nuestras sombras y a sanar colectivamente. Es el lenguaje universal que trasciende palabras, donde un gesto o un silencio pueden cambiar perspectivas enteras.
Mi relación con el hacer teatral ha sido intensa y vitalicia. Empecé como actor hace más de veinte años, montando espectáculos de comparsa y sala. He sudado luces, memorizado guiones hasta el amanecer y viajado con maletas llenas de sueños. Los últimos cinco años, como profesor de teatro, he guiado a estudiantes en El Carmen de Viboral, compartiendo no solo técnicas, sino la pasión que me mantiene vivo. El teatro me ha formado, me ha roto y me ha reconstruido, siempre como un compañero fiel en esta aventura humana.
El teatro para este pueblo
Para la vida cultural de El Carmen de Viboral, el teatro ha sido un pilar central: ha transformado el municipio en un referente regional y nacional del arte escénico y ha tejido comunidad alrededor de la escena, la formación y los festivales.
El Carmen se ha consolidado en las últimas décadas como un “centro teatral” de Antioquia, con una red de grupos, escuelas de teatro y festivales que atraen compañías locales, nacionales e internacionales. Esta actividad escénica intensa ha elevado la identidad cultural del municipio, posicionándolo como referente del movimiento teatral en el Oriente antioqueño.
La celebración anual de festivales como El Gesto Noble y Carmentea ha convertido al municipio en escenario de encuentro entre artistas, creadores y públicos, generando una oferta cultural permanente, gratuita y/o de bajo costo. La comunidad reconoce estos festivales como patrimonio inmaterial, ya que han resistido crisis, políticas cambiantes y desafíos logísticos para sostener el encuentro social a través del teatro.
El teatro en El Carmen de Viboral no solo son puestas en el escenario, sino en espacios de formación como la Escuela de Artes del Instituto de Cultura y Teatro Tespys que lleva más de tres décadas generando semilleros, grupos escolares y proyectos comunitarios. Este tejido formativo ha fortalecido la vida cultural local, impulsado la participación de niños, jóvenes y adultos, y ha convertido el teatro en herramienta de reflexión, diálogo y construcción de memoria colectiva.




