La vida de Carlos dio un giro dramático 25 años atrás, cuando dedicado a la agricultura convencional (con alto uso de agro tóxicos) fue desahuciado para este tipo de agricultura debido a la intoxicación progresiva de su cuerpo. En este punto Carlos decidió dar un giro de 180º y comenzar un proceso de desintoxicación tanto de su cuerpo como del suelo que trabajaba. Este cambio llevó a Carlos a releer el gran libro de la naturaleza y dos décadas después de esta lectura que aun continua, lo tienen hoy dictando cátedra de agroecología a estudiantes, profesores universitarios, e incluso, a expertos internacionales. La parcela de Carlos Enrique, una hectárea de tierra, está localizada en la Vereda La Milagrosa de El Carmen de Viboral. De ella obtiene todo lo que un hombre necesita para vivir, de manera digna, con su familia y en armonía con la naturaleza y sus ciclos de vida. Con los productos que extrae de la tierra surte una tienda llamada Hojarasca que solo abre los sábados, con gran demanda entre los lugareños que le reconocen su trabajo agroecológico, toda una revolución cultural en una región donde el químico impone su fuerza productiva, pero al mismo tiempo su paso erradicador de toda forma de vida ajena o propia; benéfica o plaga de los cultivos, además de sus incidencias en la salud de los seres humanos.






