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Fotografía: Fabián Rendón Morales.

Palabras dulces.

 

Por: Juan José Ossa Zuluaga, Miembro de la Oficina de Comunicaciones del Instituto de Cultura El Carmen de Viboral.

“La paz se construye con palabras dulces, la paz se construye si usted habla y actúa con amor, sin insultar, desde el afecto”. Esas palabras dichas por una persona del pueblo Naza del Cauca, llegaron a mí como una epifanía hace más de un año. Las oí en la voz de una profesora que contaba su experiencia al trabajar en temas de construcción de paz con comunidades indígenas.

Hoy nuevamente retumban en mi cabeza, mientras escucho  hablar en Embera a Marlyn Tascón, durante la charla  “¿Qué se pierde, quién  pierde cuando muere una lengua?” ocurrida el viernes 11 de octubre en las jornadas académicas del Carnavalito de  Música Andina. Esta frase me asalta repentinamente, me trasporta a un lugar que nunca he conocido y veo a una persona que tal vez sea parecida a esta joven indígena que está pronunciando palabras de sabiduría ancestral y de una comprensión del mundo que surge de las vivencias más que de teorías y análisis académicos sobre términos como la construcción de paz, “palabras dulces que construyen paz”, dulces como la voz de Marlyn, cuando de forma pausada traduce su saludo del Embera al español.

“De las enseñanzas de nuestros abuelos, siempre sabemos que antes de hablar en español, debemos hacerlo en nuestra lengua para purificar el ambiente, para generar hermandad y armonía”. Dice, mientras su compañera Adriana Cristina Guapacha se limita a asentir. Ellas son Emberas Chami y estudiantes de la Universidad de Antioquia.

Cuentan que desde hace varios años tienen un grupo de estudio en el cual se habla y enseña Embera a personas que no perteneces a ningún grupo étnico y a Indígenas que han perdido el conocimiento de su lengua materna; pues, como ellas expresan, muchas comunidades perdieron o están en vía de perder su lenguaje, bien sea por procesos de colonización, por el desplazamiento de las comunidades a raíz del conflicto armado, por la occidentalización de las comunidades, entre muchas otras razones.

Esto genera a su vez una dificultad grande, pues con la lengua, se pierde una parte fundamental del saber ancestral y de la forma en la que se interpreta y vive en el mundo, “por ejemplo, hay palabras que uno las traduce al español y no significan lo mismo, cuando a nosotros nos preguntan ¿Qué es un jaibanaku? Nosotros respondemos –Medico tradicional-, pero esto no es exactamente lo que traduce, sería más bien ‘el espíritu del trueno que va adelante´, no es solo un médico, porque también hay un asunto espiritual”.

Dice Adriana, mientras expone como en la cosmogonía Embera todo se encuentra interconectado, el espíritu, la tierra, la familia, el lenguaje expresado más allá de las palabras, “la primera forma de comunicación que hay entre una madre y un hijo, no son las palabras, es el lenguaje del amor”, dice Marlyn, mientras tanto mi mente anda en el Cauca “la paz se construye con palabras dulces”.

Ellas cuentan cómo es crecer en una comunidad indígena y el vínculo que hay entre las personas y su territorio ancestral y como el lenguaje nativo, es una forma de interconexión con el territorio “El lenguaje es más que palabras, el lenguaje se baila, se canta, se siente, el lenguaje es parte fundamental de la cultura y tradición de un pueblo, y especialmente de los pueblos indígenas”.

En el Carnavalito de Música Andina y latinoamericana, no solo se habla en Español, se habla en colombiano, entendiendo que en nuestro país, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), hay casi dos millones de personas Indígenas que se encuentran asentadas en 102 comunidades alrededor del territorio nacional, esto según datos de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). Muchas de ellas conservan su idioma y por ende en Colombia, parte de la multiculturalidad se comprende desde diferentes lenguas.

Se habla colombiano porque no podemos olvidar la riqueza cultural y social de las comunidades que han logrado conservar a través de su lengua materna una forma de comprensión del mundo que habitan, que nombran de formas diferentes, donde un medico es el espíritu del trueno que va adelante. Se habla colombiano, porque para crecer como sociedad debemos mirar más hacia el saber de nuestras comunidades ancestrales y menos hacia afuera, pues la primera forma de colonialismo que se debe romper es el mental, la paz se construye desde el reconocimiento del otro, con palabras dulces pronunciadas en más de sesenta y ocho lenguas y dialectos.

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