Tres canciones de la sospecha

Por: Julián Acosta Gómez, Promotor de Lectura de la Sala de Lectura José Manuel Arango e integrante de Opinión a la Plaza.

Fotografía tomada por Alejandra Londoño – Oficina de Comunicaciones del Instituto de Cultura El Carmen de Viboral

Tres canciones de la sospecha

Escrito por Julián Daniel Acosta Gómez, Promotor de Lectura de la Sala de Lectura José Manuel Arango e integrante de nuestro medio aliado en Víboral Rock Opinión a la Plaza. 

El arte si bien es una experiencia estética también es una reflexión sobre la experiencia humana. Una de las marcas indelebles del rock es su carácter periférico que cuestiona constantemente los pensamientos estáticos. El Rock sospecha de todo lo que no quiere ser sometido a la crítica. Por ello, las jornadas académicas del Víboral Rock resultan de suma importancia dado que propician un lugar para el debate no solo de la música sino también de la sociedad. He aquí unas pequeñas historias de lo que supe admirar de las tres charlas. Pueden sospechar.

El Rock Libertario

La voz de Jaime López tiene la misma estridencia de una hoja que se estrella contra el pavimento. Es sutil pero se cierra con una ráfaga de silencio. Estamos frente a frente y sus ojos hondos y montaraces dejan en el aire el aroma que solo perciben quienes libran batallas. Le llaman Jimmy Jazz y todos lo recordamos por la fundación del PAN: Punk Acústico Negro y por la mítica banda de punk GP: ¿Recuerdan la canción Vanidad, o el silencio o impulsos emocionales? Su mística radica en la composición de canciones críticas que enfrenten su visión de mundo con una necesidad de decir al otro lo que tiende a fragancia marchita y a engaño.
– A veces uno quiere pasar un libro a la música y es difícil… yo pasé por ejemplo 1984 de George Orwell y lo puse en una canción, el problema es que no me gustan las canciones largas… eso puede ser duro, transmitir lo que siento, pero se puede… no sé si eso tampoco lo sabías pero yo soy profesor acá en La Rivera, de Matemáticas, y yo le enseño a los muchachos con música, a veces llevar la clase a una canción puede ser difícil… Yo compongo por líneas: la bandera del pensamiento, la bandera de la libertad y la bandera de la rebeldía. Cuando escuchas una canción estás pegao, estás pegao, estás pegao, los que están pegados son ellos que no tienen nada más qué decir… yo quiero captar la esencia de las cosas.
Ahora estás en la tarima del teatro Tespys para darnos tu charla que titulaste “la composición musical desde la perspectiva callejera”, y todos te vimos, nos contaste de cómo componías una canción con dos cuerdas, de cómo a veces llega primero el aullido de la música y otras veces las palabras mordaces. Todos te vimos desdeñando de la hegemonía que impone el sistema al rock, de cómo piensas que hay un rock libertario y hay otro que se somete al sistema que pretende volver insignificante el pensamiento. Entonces te veo en la tarima diciendo que estás improvisando cuando la vida ya te ha hecho adquirir una posición frente a toda estructura y tú Jimmy, no eres estructura. Te vimos desdeñar de los festivales de rock porque asumes que el gobierno aglomera las masas para controlarlas ¿quién puede negar que las masas son más controlables que el pensamiento individual? Hay pueblos que prefieren la placidez del que calla, Jimmy, te respondo en silencio. Tú nunca estarás en los grandes conciertos, claro, es que tú mandas a la gente a leer, tú cantas para sacar a las mentes de su lugar confortable porque la música del entretenimiento llena los estantes; pero la música del pensamiento se vacía en las almas.
– Recuerdo en el 2006 cuando tocamos con Envidia Cochina -dices-, un grupo español, un rock de la masa, fue en Medellín y en Bogotá. Fue con GP. Yo sé que ustedes vinieron a escuchar la banda de España. No hombre… tranquilo, dijo el público. Canté un par de canciones. Los manes de España que estaban en un palco me mandaron unas calcomanías, dijeron que les gustaba mucho, que la banda estaba muy buena… mi respuesta fue: Hace quinientos años vinieron a comprarnos con espejos y hoy nos vienen a comprar con calcomanías y las tiré… y en Bogotá no me voltearon a mirar.
Te vimos reproducir un video donde sales cantando borracho y hablando de cómo el Rock debe ser libre, dices: “no estaba en mis cinco sentidos”, el público ríe. Silencio. Reflexión: el arte debe ser espontáneo. Te vimos entonar las canciones con las cuales les enseñas a tus estudiantes de La Rivera, en El Carmen de Viboral, a entender el teorema de Pitágoras y otras ecuaciones matemáticas, te vimos metamorfosear las tonadas infantiles para criticar el sistema. ¿Qué de tu pensamiento se nos habrá quedado por fuera?

De cómo el Punk puede salvar una vida

Las gentes se agolpaban a las sombras del miedo. La Diosa Muerte, la de los ojos certeros y pies alados gobernaba las calles de Medellín en el año 1985. Los jóvenes cargaron con los ríos de sangre que les heredaron sus padres. Cuenta Carlos David Bravo que en los tiempos de la desazón que gobernaba las calles de Castilla conoció el punk. Estos sonidos desenfadados, de gritos contenidos por fin liberados con los crujidos de guitarras malsonantes, este movimiento que tomó por estética definitiva la oposición a la hegemonía encontró un aire fértil en Castilla; donde proliferaban las ideas de izquierda, la teología de la liberación, un cúmulo de jóvenes que agotaban en sus gargantas los gritos que rompieran las cadenas del abatimiento. Carlos es integrante del grupo DesadaptadoZ y desde muy temprano encontró en el rock la forma de emancipación ante la violencia que aquejaba a Medellín.
-La música sirvió a los jóvenes para plasmar lo que acontecía en la ciudad en ese momento, la música punk nos permitió hablar de lo que pasaba en las calles, de las vivencias, del país sobre todo, el punk, desde la autonomía, desde el “hazlo tú mismo” son principios que van en contra del capitalismo. Además estaba el narcotráfico que instrumentalizó a los jóvenes de los barrios populares, que los utilizaron, pues, como carne de cañón para su lucha y por otra parte el estado, digámoslo así, reprimió fue los sectores populares, hubo un genocidio generacional. Fue una época donde se generaron varios fenómenos de violencia, fenómenos como lo que fue Amor por Medellín que eran grupos de justicia privada que trataron de hacer una limpieza en la ciudad, limpieza de los marginados que eran las prostitutas, los gamines…la guerrilla que tenía fuerte influencia en algunos barrios, las milicias…El punk hizo de esa violencia una práctica simbólica, dice Carlos.
Su voz que deja escapar las palabras casi como silbidos, se adhieren a un rostro que no dista del rostro surcado por el campo. Es un hombre tranquilo, seguro, que no evita la sonrisa apenas sombreada por leves hilos de bigote que más parecen espinas. La música llegó para estos jóvenes como un indulto al condenado.
Carlos David Bravo ha llegado a El Víboral Rock para enseñarnos su libro Malahierba: surgimiento del punk en el barrio castilla 1985 – 1995. El texto parte de la realización subjetiva de un hombre que experimenta un fenómeno pero también desde la visión del analista que intenta acaparar las causas y consecuencias de los procesos históricos. Es el caliche, el punkero, quien habla; es Carlos David el hombre que estudió sociología para nunca terminarla. Nos habla de los inicios del punk, de cómo se conforman “las notas” aquellos pequeños interregnos donde los muchachos eran dioses y señores de su destino, lugares que se consagraban a la escucha del rock cuando apenas entraba al barrio de forma casi nula, de cómo doña Leticia sin gustar del rock -¡Ah la ironía!- fundó unas de las más entrañables “notas” de Castilla. Claro, cobraba. “¿ Que por qué se llamaban notas?”, dice Carlos, “porque era una “nota” ir allá”. El libro nos habla del paralelismo que se establece entre la cultura de lo bello y lo grotesco, porque los punkeros preferían llevar una rata muerta como collar que una cadena, y para pasar energía a un compadre le entregabas en su boca un portento que sacaras de tus entrañas como a un hijo, algo que solo pudieras remover con un estertor total, con un temblor corporal abarrotado de hastío y belleza: un gargajo. ¿Un gargajo tuyo habrá llenado la boca de energía a muchos?, ¿vivirán?, que lo diga Medellín, Carlos. Malahierba nos cuenta la oposición del punk a la opulencia. Uno de los más grandes logros del libro es una cartografía que señala los lugares emblemáticos para el género, además de la movilización de “las galladas” para relacionarse entre ellas y los focos más próvidos para la proliferación del punk; es un relato que niega el esquema académico y da voz a la experiencia mundana dado que las voces de los poderosos no se ocupan de los que miran la luna contra los pantanos.

El Rock: crónica nacional

Dices que siempre cuentas la misma anécdota. Hubo un padrino. Era el año de 1998. Tú te pintabas el cabello de colores, también lo tuviste largo. Hubo una reunión familiar. Hubo una palabra que el padrino liberó para que cambiaras tu pelo, te vistieras como “hombre de bien”: Dejá esas güevonas, hombre, para que vas a luchar con esto si va a llegar el día en que te vas a tener que organizar, te vas a tener que cortar el pelo. En ese momento supiste que el valor no podría estar en las apariencias. Claro, Santiago, el valor está en hacer de nosotros una obra de arte… y el arte está en lo que no sucumbe.
Santiago Arango Naranjo. Comunicador social y periodista, director del colectivo de gestión y comunicación musical urbana HagalaU. Llegas al Víboral Rock con tu charla: “10 momentos sociopolíticos colombianos desde la mirada del Rock Racional”. Mencionas diez momentos que no escapan a la memoria de los colombianos que han tenido algún interés en las puntadas que ha hilvanado el aciago demiurgo para constituir el cuerpo de Colombia, la ya sin lágrimas: 1) Fronteras invisibles, las que hablan de la irracionalidad de dividir en la tierra lo que separa a los hombres. 2) Falsos positivos, donde se haya hasta el paroxismo la idea del bien individual por el colectivo: el placer vale más que la vida. 3) Muerte de Garzón, porque en el país de lo impropio en la boca de los muertos no se acunan verdades. 4) Constitución del 91, la esperanza. 5) Masacre de las bananeras, la tierra fue abonada con la sangre. 6) La muerte de Gaitán, el cataclismo. 7) Violencia en ciudades, el hambre o la supervivencia. 8) Violencia intrafamiliar, el cuerpo desmembrado 9) Desplazados, la tierra anónima. 10) Proceso de paz, la rosa en el cráneo.
Las pequeñas acotaciones que he agregado a tu sistema cronológico no dejan de ser un deshago literario de los dolores de un colombiano agobiado. Así, el rock ha intentado explicar cada momento crucial en la historia de la colectividad colombiana dado que el arte tiene como una de sus principales funciones simbolizar la experiencia vital.
– El rock como crónica- fue tu expresión.
En ese aspecto, la música, como la literatura, el cine y la pintura es una narrativa que no solo pertenece al campo de lo hedonista sino también al campo de lo crítico, donde es posible una autoreflexión como individuos y sociedad. Donde la perfidia y la gloria de un pueblo se han hecho fuego y el fuego se ha transmutado en las vibraciones de las guitarras y en los robustos embates de los tambores.

Bonus Track: un paisaje sonoro

Los corredores de La Casa de la Cultura de El Carmen de Viboral estaban ensombrecidos por los espectadores. Habían terminado las charlas que prefiguraban el inicio de El Víboral Rock y todos esperaban que los instrumentos musicales liberaran la ebriedad de los sonidos que estallan contra el alma. Nietzsche alguna vez dijo que la vida sin música sería un error y la ansiedad en las multitudes que se agruparon en las puertas del teatro Tespys parecían confirmarle. La primera agrupación en aparecer fue Rocked Strings Ensamble. una propuesta musical integrada por tres programas de proyección musical: la Orquesta de Cuerdas Frotadas de Guarne, el grupo de proyección del Instituto de Cultura El Carmen de Viboral, y la banda Crow Feathe para completar un total 29 músicos. La interpretación fue delicada, donde los sonidos del rock se hacían melifluos bajo los caminos que dibujaban las cuerdas de los violines, las violas, los chelos y los violonchelos. Reinterpretaron tres clásicos del rock: Under pressure de Queen, Lemon Tree de Fools Garden y Clock’s de Cold Play. El ambiente había sido caldeado y la banda Sucerkia entró. Un grupo fusión donde se intuyen diferentes corrientes musicales y que complementa su propuesta de ritmos acelerados e intensos con una puesta en escena en la cual predomina la interpretación musical desde un lenguaje corporal. La lluvia arreciaba y se detenía, arreciaba y se detenía, pero la primera noche del festival no dejaba un lugar a las flaquezas. Cuando llegó Nybram, una banda fundada hace catorce años en El Carmen de Viboral, los sonidos Folk se apoderaron del ámbito: su repertorio podría vincularse a lo mítico, a lo legendario, cada canción era un ascenso a los mundos ancestrales de La Patasola y El Sombrerón, del duende y el demonio. Finalmente y cuando la noche ya caminaba a los albores, Xol de Girardota serenó los espíritus con su propuesta Lounge que reúne los sonidos electrónicos con la sonoridad andina, pueden intuirse los ritmos naturales, casi herbáceos desde la cadencia lenta de los sonidos electrónicos.

Se cierran los micrófonos. Tras las puertas, la sala no se deja intuir en el silencio.

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