Logo Instituto de Cultura
Logo Instituto de Cultura

La claridad de las dunas – Ganador XII Premio de Cuento Página en Blanco

  • Fecha de publicación: 25 agosto, 2026
  • Fecha de modificación: 6 horas
Ganador cuento 2025

«Chuang Tzu soñó que era una mariposa.

Al despertar ignoraba si era Tzu

que había soñado que era una mariposa

o si era una mariposa y estaba soñando

que era Tzu.»

Chuang Tzu — El sueño de la mariposa

Por: Juan Manuel Vásquez Vivas*

En el décimo tomo de “Suma historia de los prodigios”, Novalis relata que el papel fue creado en China por el ministro Cai Lun hacia el año 121 d. C. Muerto el emperador tras ser herido por un jabalí al que intentó dar caza, a Lun —a quien también se atribuyen los primeros usos ceremoniales del papel plegado—, le fue ordenado preparar el rito con el que el joven He Dong Han habría de recibir la invención que sería el símbolo de su gobierno.

Cai Lun visitó acompañado de un par de soldados la colina en la que dormía Chuang Tzu. Al despertar, el profeta le indicó al ministro con pocas e intrincadas palabras que, según su sueño premonitorio, para proteger al reino del ataque de los nómadas: “lo primero que deberán ver los ojos del emperador será algo a lo que tú, Cai Lun, des vida”. Antes del amanecer, el inventor partió de regreso al palacio.

Todo se dispuso para la preparación de la ceremonia; como si se tratara de un asalto de conspiradores, un claro rumor de pasos rodeó en la madrugada el lecho de He Dong Han. El joven salió de su sueño herido por la sospecha de la traición y acaso confundió la ceguera producida por la venda con la imagen de su propia muerte. Pasaron días de angustia para He Dong Han en los que no pudo observar siquiera la caída de las estrellas. Mientras tanto, Cai Lun trabajaba a solas.

La única voz que He Dong Han distinguió en la insondable penumbra de la espera fue la de su prometida, Xu Yuan. Cada tarde la doncella sorteaba los laberintos de guardas para llevarle imágenes del reino: “vi a un hombre llorar frente al brote de un crisantemo”, le dijo rodeados en las termas por el aroma del ajenjo. “Vi a una garza anidar en la aldea”, le dijo junto a los sauces de sus jardines. “Vi que tu reinado será justo”, le decía antes de marcharse, como una despedida. Sus visitas se habían convertido en la medida de su tiempo de rey sin ocasos. Finalmente, Xu Yuan llegó con la noticia de la investidura: “encontraron el cuerpo de Chuang Tzu a las afueras de la ciudad; la invención de Cai Lun está terminada; mañana serás emperador”.

No durmió. En él sobrevivía un temor recóndito que no se había disipado jamás. No tanto su orgullo como sí su corazón estaba mancillado por la oscuridad de la venda. Acaso esta era la verdadera creación de Cai Lun. Muerto el vidente, ciego el rey, olvidadas las leyendas de los nómadas, ¿quién más poderoso que el antiguo ministro? Supo de la proximidad del día cuando un séquito de sirvientes se arremolinó en torno a su lecho y un ejército de manos invisibles lo desnudó como a un soldado raso. He Dong Han alcanzó a preguntar cuáles serían sus nuevos ropajes, si los hilos dorados de un dios en la tierra o las prendas fúnebres con las que despidió a su padre. Xu Yuan le respondió: “no temas, dicen que es el invento más grande de nuestros tiempos. Será más importante que la invención de la brújula, serás recordado para siempre”.

Sacerdotes, ministros y guerreros vieron el desfile del emperador por la galería principal del palacio. El rito dio inicio y una vez de la boca del sacerdote dejaron de salir las palabras, se acercaron de nuevo unas manos desconocidas al rostro del joven emperador y desanudaron para siempre la venda de paño oscuro. Habituada como estaba a los laberintos de la noche, una dura luz de antorchas hirió su mirada, así que el emperador se creyó frente a una pira de fuegos infinitos. Pero unos segundos después, cuando le fue restituida la docilidad de las formas, He Dong Han pudo contemplar finalmente, de palmo a palmo, la superficie del papel.

Todos en la estancia imaginaban sus posibles usos.

—Sus orillas brillan como una espada —dijo el ministro de la guerra.

—Allí podría trazarse con tinta la voz de los dioses —dijo el sacerdote.

—Si colocase un trozo bajo mi lengua, se acabarían las hambrunas —dijo el jefe de la salud.

Una a una cada voz confirió una cualidad al invento, hasta que la del propio emperador, en la que por primera vez se asomó la vocación del poder, restauró el silencio inicial: —Tiene la claridad de las dunas.

—Y es infinito como sus arenas, señor —le respondió a su espalda el propio Cai Lun.

—¿A qué te refieres, viejo inventor?

Cai Lun no respondió. Pasó junto a Xu Yuan y a He Dong Han con la mirada fija en la piel clara de su creatura. Cuando las manos del anciano empezaron a agrietar la superficie, los militares alcanzaron a desenvainar sus espadas, los sacerdotes sintieron un rencor sordo al ver que aquella materia sagrada estaba siendo profanada y las mejillas del emperador se surcaron de lágrimas de frustración.

Hubiera bastado un instante, acaso una palabra, para que, por única vez, en los innumerables años que tendría su gobierno, He Dong Han condenara a muerte a uno de sus súbditos. Pero en las manos de Cai Lun ya no estaba lo que todos habían visto, lo que deseaban. El hombre extendió frente a sí a una mariposa. Para que nadie se quedara sin constatar la veracidad del vuelo, como por una fuerza venida del espíritu de la criatura, aquel animal fantástico abandonó las manos de su creador, el pálido insecto navegó el ámbito del altar mayor hasta dar a parar, dócilmente, al cabello de la futura emperatriz. Fue en ese momento que Cai Lun entendió con un regocijo secreto, que nunca revelaría a nadie, el verdadero sentido del sueño del profeta.

Obra: La claridad de las dunas. Ganador XII Premio de Cuento Página en Blanco – 2025.

*Filólogo Hispanista de la Universidad de Antioquia. Se desempeña actualmente como corrector de estilo. Ha sido escritor para el periódico y la revista del Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble. Ha dirigido y editado varios cortometrajes de género documental y experimental, entre los que destacan “Flores imaginarias”, “Para un amigo” y “La soledad y el péndulo”

Comparte este contenido:
Canales electrónicos
  • www.culturaelcarmen.gov.co
  • Formulario PQRSF
  • direccioninstitutocultura@
    alcaldiaelcarmen.gov.co
Atención presencial
Notificaciones judiciales

Dando cumplimiento al artículo 197 de la Ley 1437 de 2011, el Instituto de Cultura El Carmen de Viboral, dispone del correo electrónico para notificaciones judiciales:

notificacionesjudiciales@culturaelcarmen.gov.co

Línea anticorrupción
Horarios de atención

Oficina Administrativa
- Lunes a viernes de 8:00 am a 12:00 m
y de 2:00 pm a 6:00 pm
- Sábados de 8:00 am a 12:00 m

/© copyright 2025 Cultura El Carmen. Diseñado por Sistemas Olympia